lunes , 14 septiembre 2026

Día Mundial del Alzhéimer: 3 cambios cotidianos para cuidar el cerebro

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Con motivo del Día Mundial del Alzhéimer, que se celebra el 21 de septiembre, el equipo de NeuronUP, la plataforma digital pionera en España en el ámbito de la evaluación y la rehabilitación cognitiva, pone el foco en lo que está realmente en nuestras manos cuando hablamos de reducir el riesgo de desarrollar la enfermedad.

No se puede asegurar que exista un conjunto de hábitos capaz de impedir que una persona desarrolle alzhéimer. La edad, la genética y otros procesos biológicos que no podemos controlar influyen de forma importante. Por eso, desde un punto de vista científico, resulta más preciso hablar de reducción del riesgo que de prevención absoluta.

“Una persona puede llevar un estilo de vida muy saludable y aun así desarrollar alzhéimer. Pero eso no significa que nuestros hábitos sean irrelevantes. Sí podemos actuar sobre determinados factores para reducir la probabilidad de deterioro cognitivo y cuidar mejor nuestra salud cerebral”, explica Valeria Medina, neuropsicóloga de la plataforma de neurorrehabilitación NeuronUP.

 

Qué factores podemos modificar y cuáles no

Existen factores que sí pueden modificarse a lo largo de la vida, entre ellos la actividad física, el tabaquismo, la hipertensión, la diabetes, la obesidad, el consumo excesivo de alcohol, el aislamiento social o la pérdida auditiva y visual no tratadas. Además, estos factores no actúan de manera independiente, sino que pueden relacionarse entre sí.

Frente a ellos, existen otros factores que no pueden modificarse, como la edad, la historia familiar o la genética. “Tener predisposición genética puede aumentar la probabilidad de desarrollar la enfermedad, pero no determina necesariamente que vaya a aparecer y por supuesto que no convierte los hábitos saludables en irrelevantes. Al contrario, es especialmente importante cuidar aquello sobre lo que sí podemos actuar, señala Medina.

 

Nunca es tarde para cuidar la salud cerebral

El cuidado de la salud cerebral se construye durante toda la vida. Lo ideal es comenzar desde edades tempranas y mantener los hábitos saludables durante décadas, pero empezar a actuar a los 60, 70 u 80 años sigue teniendo sentido.

“Lo importante es entender que nunca es demasiado tarde para actuar sobre aquellos factores que sí podemos modificar. Mantenerse activo física, cognitiva y socialmente sigue siendo relevante también en edades avanzadas”, explica la neuropsicóloga.

Medina también advierte frente a los mensajes que atribuyen un supuesto efecto preventivo a un único hábito: “Cuando se presenta un solo alimento, suplemento o actividad como una forma de prevenir el alzhéimer, conviene ser prudentes. La salud cerebral es mucho más compleja y requiere un enfoque global”.

 

Tres cambios cotidianos para cuidar el cerebro

Para una persona sana que quiera cuidar su salud cerebral, Medina destaca tres hábitos cotidianos:

  1. Moverse de forma regular. Mantener una actividad física frecuente, combinando ejercicio aeróbico, fuerza y reduciendo el tiempo sedentario.
  2. Mantener una estimulación cognitiva recurrente. Aprender cosas nuevas, leer, resolver problemas, practicar un idioma, tocar un instrumento o realizar actividades que supongan un reto mental.
  3. Cuidar las relaciones sociales. Conversar, compartir actividades, mantener vínculos significativos y evitar el aislamiento social.

Estos tres hábitos no garantizan que una persona no vaya a desarrollar alzhéimer, sino que forman parte de un estilo de vida asociado con una mejor salud cerebral y una menor probabilidad de deterioro cognitivo y demencia”, explica Medina.

 

Cómo afecta el alzhéimer a los recuerdos

El alzhéimer no afecta a todos los tipos de memoria de la misma manera. La memoria episódica, que permite recordar acontecimientos personales y experiencias recientes, es una de las primeras funciones que suele presentar dificultades, especialmente a la hora de incorporar información nueva.

Esto explica por qué una persona puede recordar con detalle un acontecimiento ocurrido hace décadas y, sin embargo, olvidar qué ha desayunado esa misma mañana o repetir una pregunta pocos minutos después.

“El desayuno de esta mañana es una experiencia reciente que todavía necesita ser atendida, procesada y consolidada para convertirse en un recuerdo duradero. Un recuerdo de infancia, en cambio, lleva décadas consolidándose, siendo recordado y relacionándose con otras experiencias, por lo que suele resistir durante más tiempo”, explica Medina.

Los recuerdos recientes son especialmente vulnerables porque todavía tienen que atravesar diferentes procesos antes de almacenarse de forma estable. En algunos casos, por tanto, no se trata simplemente de que la persona haya olvidado algo que estaba perfectamente guardado, sino de que esa información nunca llegó a consolidarse adecuadamente.

 

Estimulación cognitiva ante un paciente con alzhéimer

La estimulación cognitiva puede contribuir a mantener determinadas capacidades, favorecer la autonomía y ayudar a que la persona continúe implicada en actividades significativas. Sin embargo, no detiene la neurodegeneración ni permite recuperar las funciones cognitivas ya afectadas.

Estimular cognitivamente no implica únicamente realizar ejercicios específicos. Actividades cotidianas como cocinar, conversar, escuchar música, ordenar fotografías, cantar canciones conocidas, cuidar plantas o realizar tareas familiares pueden activar de manera simultánea la atención, el lenguaje, la memoria, las habilidades procedimentales y las emociones.

«La idea no es únicamente entrenar una memoria que presenta dificultades, sino ayudar a la persona a mantener su autonomía y seguir realizando sus actividades cotidianas con la mejor calidad de vida posible«, concluye Valeria Medina.

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