CÓMO FORTALECER EL SISTEMA INMUNITARIO PARA AFRONTAR MEJOR EL COVID 19

La pandemia del Covid-19 está arrojando las mayores cifras de infectados y fallecidos por una crisis sanitaria de nuestra historia reciente. Pero, ¿cómo podemos luchar contra ella? Además de aislarnos y seguir, de forma estricta, las recomendaciones de las autoridades, debemos proteger nuestro sistema inmunitario. Siguiendo esta línea, la Catedrática de Fisiología de la Universidad Complutense de Madrid, la doctora Mónica de la Fuente, comparte una serie de consejos para fortalecer nuestro sistema inmunitario, clave para combatir e intentar vencer a cualquier infección.

El Covid-19, con sus peculiaridades, no deja de ser un virus. Todos disponemos de un sistema fisiológico que nos permite defendernos frente a cualquier infección: el sistema inmunitario, aclara De la Fuente. Para que en esa lucha salgamos victoriosos necesitamos que nuestras células inmunitarias funcionen adecuadamente. Según la doctora, si tenemos una buena inmunidad podemos ser de los muchos asintomáticos portadores del virus, pero mejor aún, podremos ser de los que superemos la infección sin problemas, aunque tengamos que padecer una desagradable sintomatología. Hay que tener en cuenta que los síntomas son la manifestación de la lucha que el sistema inmunitario está llevando a cabo para vencer al virus. El problema llega cuando no se dispone de una buena inmunidad, y eso nos puede llevar a no sobrevivir a la batalla. Este hecho se está notando de manera clara en los infectados por el Covid-19, el cual afecta en mayor medida y con una mayor tasa de mortalidad a las personas que no tienen un sistema inmunitario reforzado. Por ello, estamos viendo tantos fallecimientos entre las personas mayores y en otras no tan mayores pero con alguna patología a la que se encuentra asociada, generalmente, una mala inmunidad. Hace años, los científicos designaron al estado funcional del sistema inmunitario como el mejor indicador de nuestro estado de salud.

Disponer de una buena inmunidad es necesario para mantener la salud en cualquier momento. Constantemente estamos sometidos a infecciones y a células que se malignizan, pero nuestro sistema inmunitario nos va defendiendo de ellas. En las circunstancias actuales este hecho, el tener este sistema funcionando adecuadamente,  se vuelve más imprescindible. A continuación la doctora De la Fuente responde a dos cuestiones básicas sobre este tema.

¿De qué depende que tengamos una buena inmunidad?

Evidentemente hay un componente genético que influye en esa apropiada o no respuesta inmunitaria de cada uno de nosotros, pero lo que más afecta, con diferencia, es el estilo de vida que tengamos. Todos hemos oído decir, y lo apoyan los estudios científicos, lo importante que es la dieta que hagamos (variada y sin excesos, con los componentes típicos de la dieta mediterránea como paradigma de una alimentación saludable). También, tenemos claras las bondades del ejercicio físico (moderado y ajustado a las características de cada persona), pero sin olvidar el ejercicio mental (lo que no se usa se atrofia y nuestro cerebro requiere ser utilizado). Además de lo indicado, es posible que nos resulte incluso curioso saber la gran importancia que tiene para conseguir ese expléndido sistema inmunitario, la capacidad de controlar nuestra respuesta a las situaciones de estrés, nuestras emociones.  Este aspecto hoy científicamente comprobado, se enmarca en la ciencia denominada “psiconeuroinmunología”, que estudia como el sistema inmunitario y el sistema nervioso trabajan constantemente comunicados de forma bidireccional. Esto explica que personas a las que invade el miedo o la tristeza, que tienen ansiedad o depresión, que se encuentren lo que se denomina comúnmente “estresadas”, presenten una inmunidad tan deteriorada que sea culpable del mayor riesgo de padecer una enfermedad y de morir. Por el contrario, las emociones positivas, el saber relajarse, y adaptarse a las circunstancias, son herramientas importantes para mejorar nuestra respuesta inmunitaria.

Un hecho que ayuda también de forma importante en este marco que estamos considerando es el ‘adecuado descanso’. Un ‘sueño reparador’ va a participar en que consigamos esa buena salud, ayudando a nuestro cerebro y a nuestra inmunidad y, consecuentemente,  a todo el organismo, a funcionar en las mejores condiciones. Hay muchas pautas de nuestro estilo de vida que pueden favorecer el que lo consigamos. Y en esto la ciencia sigue aportando evidencias constantemente. Ya no es sólo el distanciamiento de la cena de la hora de acostarnos, el que sepamos seguir unas pautas regulares que favorezca el funcionamiento de nuestro reloj biológico circadiano, es mucho más.  Entre las cosas que podemos considerar están, el saber relajarnos cuando nos acostamos, el evitar dormir con la luz encendida, una temperatura apropiada de la habitación, y, muy importante, olvidarnos del móvil, el ordenador, etc., en la cama. Esta desconexión tecnológica que nos evita la contaminación electromagnética, es fundamental para dormir bien.

  • ¿Por qué el Covid-19 está afectando no sólo a personas mayores sino también a más jóvenes?

Frente a la primera idea de que esta pandemia ante la que nos encontramos luchando afectaba, principalmente, a personas mayores y con patologías graves, con el paso de los días son más los casos conocidos de personas más jóvenes que se están contagiando por el Covid-19. Y, esto, ¿por qué ocurre?. Es sabido que al envejecer el sistema inmunitario se deteriora, surgiendo lo que se denomina una “inmunosenecencia” que, por lo dicho anteriormente sobre el papel relevante de este sistema, explica el mayor riesgo de patologías y muerte que hay en la vejez. La cuestión es que en el proceso de envejecimiento, que iniciamos desde los veinte años, lo que importa es cómo vayamos deteriorando nuestra capacidad funcional, no tanto la edad cronológica que tengamos. Esa velocidad de envejecimiento, que es distinta para cada persona, es lo que se conoce como “edad biológica”, y resulta, generalmente, diferente de la cronológica. De nuevo vuelve a influir en esa particular velocidad de envejecimiento, la genética, pero fundamentalmente el estilo de vida. Por ello, una persona puede tener 40 años de edad cronológica, pero 70 de edad biológica. Una de las maneras más eficaces para medir esta edad biológica es precisamente el estado funcional de nuestro sistema inmunitario. Este hecho puede explicar que personas relativamente jóvenes, incluso sin patología evidente, puedan tener el riesgo de no superar adecuadamente la infección. Por ello, en estos momentos, más que en otros, el tener una edad biológica joven es fundamental.

La catedrática Mónica De la Fuente, lleva muchos años en la Universidad Complutense investigando sobre cómo determinar la velocidad a la que envejece una persona y qué factores de estilo de vida pueden ayudar a mantener una edad biológica más joven. Sus numerosas publicaciones en este ámbito avalan las afirmaciones que ha realizado.

En situaciones como las que estamos viviendo que pueden llevar a muchas personas a estados de miedo y ansiedad que aumentan la velocidad de envejecimiento, deteriorando nuestra inmunidad, hay que intentar fortalecer, con más empeño todavía, nuestro sistema inmunitario.  Todo lo indicado antes ayuda: lo que comemos, la actividad física y mental que hagamos, nuestra actitud positiva ante la situación, el descanso reparador y el largo etcétera que intuimos es beneficioso para nuestra salud, pero que ya la investigación científica ha demostrado que lo es.




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