miércoles , 15 abril 2026

“Lo que sé de la vida”, un documental de LAN sobre conversaciones cotidianas alrededor del vino

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No todas las conversaciones se recuerdan. Pero hay algunas que se quedan, no por lo que resuelven, sino por lo que despiertan. Bodegas LAN parte de esa idea en Lo que sé de la vida, un proyecto que propone algo tan sencillo (y tan poco habitua) como parar, sentarse y hablar de lo que realmente importa.

La iniciativa reúne a cinco perfiles muy distintos alrededor de una mesa y unas copas de vino. Sin guion rígido, sin grandes declaraciones prefabricadas. Solo preguntas que cualquiera podría hacerse: qué es importante, cuándo has sido fiel a ti, qué decisiones pesan con el tiempo. A partir de ahí, la conversación fluye.

LAN no plantea el vino como protagonista, sino como punto de partida. Un pretexto para recuperar algo cotidiano que a veces se pierde: compartir tiempo sin prisa, escucharse de verdad. La propuesta tiene algo de invitación abierta. No se trata solo de ver una conversación, sino de replicarla, de llevarla a lo propio.

Alrededor de esa mesa están Isabel Coixet, Iñaki Gabilondo, María Lo lleva, Ricardo Gómez y Leo Espluga. Cinco formas de mirar la vida que no buscan encajar entre sí, pero que acaban encontrando puntos en común.

Iñaki Gabilondo pone el foco en algo tan básico como decisivo: el tiempo. Entender que no todo cabe obliga a elegir, y elegir implica renunciar. Una idea que parece evidente, pero que cambia la forma de vivir cuando se asume de verdad.

Isabel Coixet se mueve en otro terreno, más intuitivo. Habla de avanzar incluso cuando no se tiene claro el camino, de equivocarse sin convertirlo en un problema. Hay cierta ligereza en su forma de entender el proceso, como si el error también tuviera su lugar.

María Lo lleva la conversación hacia lo personal. A esa etapa en la que uno intenta encajar, adaptarse, parecerse a lo que se espera. Y al momento (no siempre inmediato) en el que decide volver a una versión más propia, más reconocible.

Ricardo Gómez introduce distancia. Con el tiempo, muchas cosas dejan de tener el peso que parecían tener. Lo que antes era urgente o decisivo se recoloca. Y en ese cambio hay algo parecido a la calma.

Leo Espluga, el más joven, no intenta cerrar nada. Su mirada acepta incluso lo que no tiene aprendizaje claro. La idea de que no todo tiene que servir para algo, de que también hay errores que simplemente ocurren y ya está.

La conversación no llega a conclusiones rotundas, y quizá ahí está su valor. Funciona más como un espejo que como una guía. Cada intervención abre una puerta distinta, pero todas apuntan en la misma dirección: vivir tiene más que ver con atreverse a elegir (y a sostener esas elecciones) que con hacerlo todo bien.

LAN lo resume sin necesidad de subrayarlo demasiado: a veces, lo único que hace falta es sentarse, abrir una botella y dejar que la conversación haga su trabajo.

BAZAR

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