GRACIAS A LA VIDA

“GRACIAS A LA VIDA QUE ME HA DADO TANTO, ME DIO DOS LUCEROS QUE CUANDO LOS ABRO, PERFECTO DISTINGO LO NEGRO DEL BLANCO, Y ENTRE LAS MULTITUDES AL HOMBRE QUE YO AMO…” Así comienza esta bellísima canción de Violeta Parra….

Realmente es así, en circunstancias más o menos normales, sin tener situaciones extremas, el hecho de levantarse uno por la mañana, abrir los ojos y ver lo que te rodea, distinguir los colores, abrir la ventana, contemplar un paisaje… siempre es un paisaje… sea de mar, montañas, o un balcón con ropa tendida de otras vidas de otros paisanajes…Ya esto es un privilegio, es todo un gozo…eso sí, dependiendo del estado de ánimo, uno «lo ve» de colores o como una peli en blanco y negro…Pero ahí está… Entran por las dos ventanas que uno tiene en el rostro y se adentran hasta lo más profundo… y sin que uno lo perciba aparentemente se van quedando en el alma todas las imágenes, se archivan y van conformado tu ser a través de los recuerdos…

Poder ver, contemplar los rostros de tus seres queridos… ver a través de sus «ventanas» cómo están, cómo se encuentran, incluso sin que emitan palabra… Los ojos son la palabra del corazón.

Admirar y mirar la belleza del Arte en cualquiera de sus manifestaciones: Pintura, escultura, fotografía… es decir la belleza del Arte, que nos amortigua y disimula otras realidades no tan bellas. Tenemos que estar agradecidos a todos los creadores, a todos los artistas que con sus creaciones nos hacen la vida más llevadera, nos decoran el alma… Yo desde aquí, les doy las gracias por ello.

El placer de la lectura… leer… sumergirte en otros mundos paralelos, mágicos en ocasiones… Identificarte con uno de los personajes, hacerlo tuyo, vivir su historia, salirse uno de la propia… Leer poesía, en todo hay poesía… pero cuando alguien sabe poner bellas palabras, éstas se convierten en un placer para los sentidos… Te elevan, levitas…

Escuchar, oír… cuando un hijo dice por primera vez “Mamá”, “Papá”… Su risa, ésa siempre… su risa la quieres escuchar por siempre…

Escuchar música, qué sería de la vida sin la música… Seguramente las personas que por desgracia no tienen este sentido se inventen la música por dentro… estoy segura…

Para quienes sí podemos, la música es la banda sonora de nuestra vida, nos acompaña por siempre y se va quedando también en esa base de datos que es nuestro cerebro y/o corazón… y de pronto salen al cabo del tiempo y nos trasladan a aquel momento que vivimos oyendo esa canción… Nos puede emocionar, alegrar, entristecer… No hay nada como la música para producirnos tantas emociones diferentes y trasladarnos al pasado con tanta facilidad.

Para mí, escuchar una ópera puede ser un momento tan sobrecogedor que a veces me supera, me embarga, me puede…

 

Otro de los sentidos es el olfato… por el que también hay que darle gracias a la vida. El olor de tu bebé, de tus padres, de una pareja amada… se instalan de por vida y, también de pronto, vuelven cuando menos te lo esperas… al paso de alguien con olor parecido, al entrar en algún lugar… Y se te hace muy presente el pasado, mucho…  Embriagan los olores para siempre. El olor del mar, fuerte, contundente, con toda la vida que tiene en sus profundidades, el de la hierba recién cortada, una flor, uncafé recién hecho, esto es olor a hogar…

Luego está el sentido del gusto… Uno de los placeres de la vida, degustar una comida rica… Cómo recuerda uno las comidas que te hacía tu madre, nada comparable… No solamente es la comida en sí, sino todo lo que acontece alrededor de una mesa… las sobremesas… Son también recuerdos que se impregnan por siempre…y en algunas ocasiones cuando comes o degustas algo que en tu casa solían hacer se te produce un “Deja vú” melancólico, pero también lleno de ternura…

Con mi «reflexión» de hoy lo que trato de comunicar/me es que a pesar de todo y con todo… repito en circunstancias más o menos normales, sin situaciones extremas en las que se encuentran por desgracia mucha, demasiada gente… Una es mucho ya… Somos también muchos que deberíamos decir GRACIAS A LA VIDA QUE NOS HA DADO TANTO…

 

Cristina López del Hierro

 

 

 

 

 

 

 




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