RICHARD GERE: “A LOS 65 ME SIENTO MÁS JOVEN QUE ANTES”

Excelente entrevista de Richad Gere en Hoy Corazón que se puede leer en www. mujerhoy.com  donde el actor se desnuda y se ofrece a corazón abierto:

C. ¿Es cierto que hace poco dijo que hoy se siente más joven que antes?
R.G. Creo que los personajes que interpreté al principio de mi carrera eran fascinantes, pero ahora que soy más maduro y no soy tan bien parecido como antes, eso ya no importa realmente. Porque es cierto, me siento mucho más joven.
C. ¿Cuál cree que ha sido su mayor desafío como actor?
R.G. Yo creo que es difícil ser invisible. Pienso que los actores no estamos hechos para algo así.
C. ¿Y en qué momento de su vida se dio cuenta de que realmente quería ser actor?
R.G. En segundo grado, cuando mi madre me había hecho el traje para interpretar a Santa Claus. La actuación, para mí, fue una forma de salir y expresarme. Y en la escuela secundaria había empezado a hacer teatro. Creo que he podido experimentar todo lo que me interesa en la vida a través de la actuación. Y, a día de hoy, todavía continua alimentando mi vida.
C. ¿El teatro profesional fue el mejor entrenamiento para enfrentarse a la fama?
R.G. Empecé con el teatro profesional cuando estaba en la Universidad, en aquella época me ofrecieron trabajo en un teatro de Cape Code. Ensayamos durante dos semanas, para una obra que duró otras dos semanas, y la preparación fue un gran desafío. Actuaba frente a 70 personas todas las noches. Finalmente, llegué a Broadway y Londres. Y del teatro salté al cine. Siempre sentí que el entrenamiento del teatro me había ayudado con mi carrera en el cine, pero al mismo tiempo, siempre pensé que yo sería un actor de teatro con una corta carrera en Hollywood, hasta que me empezaron a reconocer en la calle y el cine terminó dominando mi vida.
C. ¿Recuerda cuál fue su última obra?
R.G. Fue una sobre dos homosexuales en un campo de concentración, que solo se dedicaban a mover rocas de un lado al otro, todo el día. Se trataba de dos hombres que se enamoraban de esa manera. Esa fue la última. Supongo que algún día volveré a hacer teatro, pero por ahora… Tengo un hijo de 14 años. Cuando vaya a la Universidad, a lo mejor me decido y vuelvo a pisar Broadway.
C. ¿Es cierto que el personaje de ‘American Gigolo’ lo consiguió gracias al rechazo de John Travolta?
R.G. Es algo que John siempre me recuerda cuando nos cruzamos (Risas). En esa película siempre pensé que yo interpretaba a una mujer, porque no era la forma en que los hombres se comportaban. Por eso imaginé cómo podía reaccionar una mujer en una situación así. Yo tampoco sabía demasiado sobre la moda, fue toda una aventura para mí. Y fue divertido.
C. ¿Qué trabajo resultó más difícil? ¿’American Gigolo’ o ‘Pretty Woman’?
R.G. Los dos fueron difíciles por diferentes razones. Para American Gigolo tuve poco tiempo de preparación física y eso me puso nervioso. Y Pretty Woman resultó un poco más difícil porque no tenía un personaje definido. Cuando leí el guión, yo mismo le dije al director que no necesitaba un actor, solo necesitaba un traje. Y por eso rechacé la película al principio, hasta que se involucraron un viejo amigo y Disney. Estaba en Nueva York y querían que conociera a Julia Roberts. Y cuando la vi, a los diez minutos acepté la película.
C. Después de haber protagonizado las escenas de amor más famosas… ¿Quién es la actriz que mejor besa?
R.G. Las escenas de amor son siempre incómodas de filmar. La luz tiene que estar bien, hay que fijarse en el ángulo de la cámara. Y la única compensación es haber trabajado con las mujeres más hermosas del mundo. Sé quien besa mejor en Hollywood, pero no voy a decirlo.
C. ¿En su caso alguna vez lo molestó que las admiradoras se fijaran más en su físico que en la actuación?
R.G. Para ser honesto, nunca le presté demasiada atención. Hoy veo mis películas antiguas y creo que era bastante guapo en aquella época (Risas). Pero los personajes, los afronté siempre como actor. Debe ser una de las razones por las que sigo trabajando todavía. Siempre afronto cada proyecto desde el lado del personaje.
C. ¿Le preocupa no haber recibido ninguna nominación al Oscar?
R.G. Lo suficiente como para haber logrado mantener una carrera durante 50 años. Una película no se logra con una sola persona, hay más de 300 personas detrás. Y cualquiera puede equivocarse. Es un milagro cuando algo de valor trasciende.
C. ¿Sigue alguna técnica para enfocar cada nuevo personaje que le llega?
R.G. Es una experiencia bastante libre, no trato de agregarle visión a ningún personaje. Tengo que enamorarme de ellos. Es como conocer a una pareja. Si no pasa nada, no hay razón para dar el primer paso.
C. Pero sí se enamoró del activismo y del Tíbet. ¿Mejoró la situación del Tíbet desde que empezó a involucrarse en 1977?
R.G. No. Ahora es peor, mucho peor. El Tíbet no está en su mejor momento. El Dalai Lama escapó en 1959. El partido comunista de China volvió a trazar el mapa del Tíbet y la mitad se la quedó China. La situación es brutal.
C. ¿Podría decirse que el budismo ha transformado su forma de ver el mundo?
R.G. No tengo dudas de que la mejoró. Siempre desconfié de lo que decían sobre el mundo y de lo que somos. Siempre me sentí más cómodo tumbado, mirando las estrellas. Y el budismo me brindó una forma de articularlo a un nivel más profundo.
 
C. ¿Y a nivel personal? ¿Cómo le influyó?
R.G. Para ser honesto, no me sentía tan feliz a los 20 años. Estaba en la búsqueda y cuando encontré el budismo, todo cambió.
 
C. ¿Es verdad que esperó 20 años para hacer la película ‘Time Out Of Mind’?
R.G. Sí. El guión original lo había leído en los años 80. Estaba intrigado, pero no estaba listo para hacer esa película. La relación del personaje con su hija era honesta, pero sentí que necesitaba tener más fuerza. Esta película tiene un sentido único del tiempo, no trata sobre el pasado ni el mañana, solo el hoy. Ese fue el factor que más me tocó.
C. ¿Y qué le diría a los críticos que dicen que la película ofrece una imagen romántica de los vagabundos?
R.G. Los hombres de la calle, son personas de verdad. No hay nada de romanticismo. Opinamos sobre la gente demasiado pronto. Con solo ver a alguien, ya opinamos. Y en cierto sentido, todos somos vagabundos, todos estamos separados de nuestra realidad. Y es lo que se aprende con ver la película. No se trata de exponer ni de dar una visión romántica de los vagabundos. Algo tiene que pasar para que alguien decida vivir en la calle. No sé lo que es, pero en las calles hay temas emocionales serios.
C. ¿Esta película es también otro forma de activismo político?
R.G. Hace años que yo estoy involucrado con la organización Coalition for the Homeless, a favor de los vagabundos de Nueva York. Yo mismo visité los refugios para indigentes, mucho antes de hacer la película. Por eso conozco el tema. Ese proceso es lo que también terminó siendo una película.
C. ¿Es verdad que estuvo vestido de vagabundo por las calles de Nueva York y nadie lo reconoció?
R.G. Es cierto. Hicimos la prueba un día. Queríamos filmar algo y lo probamos en las calles de Nueva York. Tenía que ir a la calle, para ver si funcionaba. Actué como mi personaje. Tenía miedo porque hice algo que nunca antes había hecho: quedarme solo, en una esquina. Descubrí que los vagabundos son mucho más que invisibles. Es como un agujero negro. Terminé ganando un dólar y una moneda, pero los únicos que me prestaban atención eran otros vagabundos. Terminó siendo una de las experiencias más profundas de mi vida. El mundo en sí, es una buena historia. Nosotros somos una buena historia. Yo solo existo por lo que el mundo piensa en mí.

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