LA CASI PRINCESA DE ASTURIAS, LEONOR, ESTUDIA CHINO

ALeonor de todos los Santos de Borbón le gustan las chucherías. También adora ver Bob Esponja, jugar en el jardín con su hermana y los perros, desayunar con sus padres, acudir a las fiestas de cumpleaños de sus amigos (la última, hace unos días en Las Rozas), bailar ballet, acercarse al despacho de su abuelo en busca de carantoñas, ver la televisión hasta tarde, jugar y sonreír.Como a todos los niños.

En un excelente reportaje de Francisco Apaolaza para el periódico El Comercio se revelan algunos detalles curiosos sobre la ya casi princesa de Asturias.

La cría a la que llaman ‘Leo’, inquieta y ocurrente, posará firme el jueves junto a sus padres en el Congreso de los Diputados y pasará a ser Princesa de Asturias (jurará el cargo cuando sea mayor de edad), princesa de Gerona, princesa de Viana, duquesa de Montblanc, condesa de Cervera (el ayuntamiento leridano ha pedido que no se le conceda) y señora de Balaguer. Ya tiene estatua en el Museo de Cera, le tratarán como alteza real y precederá en protocolo a sus abuelos, que han reinado cuatro décadas.

Con estos mimbres, el celo por proteger su intimidad y hacer de ella «una niña como las demás», según Zarzuela, es en sí una cuestión peliaguda.En la puerta del Colegio Santa María de los Rosales, en mitad de una ventolera y un chaparrón, miles de niños vestidos de falda o pantalón gris y jersey azul salen de clase como si se declarara una estampida en mitad de un bosque de padres. En esa manada corrió un día don Felipe y hoy lo hacen sus hijas, a la que los futuros reyes acercan diariamente al centro. La matrícula en este colegio privado y laico que fundó Gregorio Marañón y que celebra concursos de matemáticas y bailes escoceses, cuesta 700 euros, pero la factura de la exposición al exterior es mucho mayor. Desde que doña Leonor acude como alumna (con buenas calificaciones), algunos padres se han sentido algo incómodos con las medidas de seguridad. Los muros se hicieron más altos, se plantaron más cámaras de seguridad y en dirección no se atreven a hablar de la futura princesa, a la que esperan los guardaespaldas por los pasillos y de la que es un milagro que aún no haya aparecido en ninguna foto en los festivales de alumnos. Estudia lo que los demás, chino incluido, y en Zarzuela, para no levantar ampollas ni confirman ni desmienten si son ciertos los rumores que aseguran que no cursa Religión. «Lo siento, no nos dejan contaros nada», se excusa una madre.

Ese tropel de infancias que sale del colegio como si se partiera una presa supo el pasado 2 de junio, como supieron los demás alumnos de España, que el Rey se jubilaba. Con una diferencia: la nueva princesa estaba entre ellos. No les contaron ninguna novedad. Un par de años después de dejar la guardería de la Guardia Real en El Pardo, en el colegio de Aravaca, una zona lujosa al noroeste de Madrid, explicó a sus compañeros que si había tantos fotógrafos en el primer día de clase es porque vivía «en casa de un Príncipe».Desde determinado punto de vista, todo es muy sencillo. En su caso, el hecho de ser la siguiente en la línea de sucesión al trono puede no resultar un problema. «Ella ha nacido en ese ambiente, así que ha ido enterándose poco a poco de que es una princesa –explica la psicóloga Sonia Caba Doussoux–.Con ocho años son muy pequeños, pero le han tenido que ir explicando quién es y para ella puede resultar normal. No es como si a otra niña de pronto le dicen que va a ser reina. Es como si a una niña de ocho años de Madrid le dicen que será médico de mayor; lo aceptará sin problemas. A la princesa un día le dicen quién es el abuelo, otro día le piden que salude a los fotógrafos y así se va haciendo consciente de su papel con naturalidad.La fama nunca es sencilla de manejar, pero que la lleve mejor o peor depende de los padres: su padre nació en ese ambiente y lo tiene todo asumido, pero doña Letizia… La clave en el éxito de su desarrollo será ella».

Es la heredera al trono más joven de las casas reales europeas. Su llegada a la primera línea de sucesión se ha producido «en el momento más turbulento de la monarquía en los últimos 40 años», admite el periodista Fernando Rayón, que advierte que en el momento dado será la Reina Leonor, no Leonor I, una fórmula que solo se usó con su abuelo.

Su nombre, que ya visten hospitales y colegios, no es típico en ninguna de las dos familias. La primera Leonor nació en 1426 hija de Juan II de Aragón y Blanca de Navarra y fue reina de Navarra 26 días. La futura princesa le debe el nombre a su madre y según Rayón, que ha escrito cuatro libros sobre la familia real, lo escogió por «motivos literarios». La Leonor que en la que pensó Doña Letizia para nombrar a su hija mayor era Leonor de Aquitania, que nació en el siglo XII, que fue reina de Francia y después de Inglaterra y que fue una mujer culta y adelantada a su tiempo que se preocupó de la miseria de su pueblo.La otra cara de aquella doña Leonor es que fue a las cruzadas, que la acusaron de ser infiel a su primer marido Luis VII. Y que a su segundo marido,Enrique II, con el que reinó en el imperio angevino, a cambio de una relación con una amante le organizó una rebelión junto a sus hijos (entre ellos RicardoCorazón de León y Juan Sin Tierra) que le costó la cárcel. Su hija y su nieta fueron consortes de Castilla.

Se espera que el reinado previsto de Leonor sea más tranquilo. De momento, la joven princesa no ha hecho más que empezar a prepararse. Recibe la misma educación que su hermana pequeña, la infanta Sofía, en la que no manda ningún tutor especial, ni sigue un plan especial distinto excepto en los relativo a los idiomas.Ya es bilingüe, gracias a que su abuela Sofía le habla en inglés y que se ocupa de ella una cuidadora inglesa (hace unos meses, sorprendió hablando en inglés a los médicos de su abuelo). No es el único idioma que necesita. Como si tuviera que anticiparse al país que podría tener que reinar, en casa le leen cuentos en euskera, gallego y catalán, tal vez también en asturiano.

Si sigue el camino de su padre le esperan cuatro años de formación militar para ser la capitana general de las Fuerzas Armadas, una carrera universitaria y quién sabe cuántas más clases. «Es muy pronto para pensar en eso», admite una fuente de la Casa del Rey.Quedan diez años. De momento, seguirá siendo la niña que juega en el jardín, y también la princesa en una tormenta que tendrán que capear sus padres.




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