GUÍA PARA AFRONTAR LA NAVIDAD SI TE CAUSAN SUFRIMIENTO

Ni todas las personas son iguales, ni todos disfrutan con las mismas cosas, ni todos comparten por igual el denominado espíritu navideño. 


Se presupone que las Navidades son un tiempo de alegría y felicidad, pero para muchas personas son las fechas más difíciles. Pero como aclara José Luis Carrasco, Catedrático de Psiquiatría y director de la Unidad de Personalidad y Comportamiento (orientación familiar y prevención) del Hospital Ruber Juan Bravo-Quirón salud, “aquellos que experimentan enfermedades mentales que conllevan una tristeza profunda, un sentimiento de soledad y de vacío o una incapacidad para conectar con los demás temen las fiestas navideñas y las pueden considerar como la peor época del año”.

Por otra parte, las tensiones familiares, el consumo excesivo de alcohol, la nutrición inadecuada, la soledad física y las preocupaciones por el dinero son factores de riesgo que elevan las probabilidades de desarrollar un trastorno de salud mental en estas fechas en población mentalmente sana.


De hecho, se sabe, “que esta temporada festiva puede intensificar las enfermedades psíquicas. Basta un ejemplo: cada anuncio, cada imagen, cada canción que evoca a los amigos sonrientes o a la familia reunida  pueden aumentar la sensación de soledad en muchas personas, lo que supone un marcado impacto en la salud mental. No sólo esto, sino que la literatura científica recoge un aumento de hasta el 40% en el número de suicidios justo después de las fiestas navideñas”, insiste el experto.

La Navidad, “desprovista de sus valores espirituales, se puede convertir en una fiesta reservada sólo para los afortunados de la vida, mientras que para los ‘desafortunados’ puede representar un mayor sufrimiento. Paradójico, tratándose como reza su propio nombre, de la celebración de la llegada del portador del amor, del consuelo y de la esperanza. Las personas que sufren trastornos mentales necesitan y vibran con la fe y con la esperanza, pero no con la fiesta sin más”, apostilla el Dr. Carrasco.

Lucía Fernández, psicóloga de la Unidad de Personalidad y Comportamiento insiste en que “a veces las Navidades son momentos en los que los cuadros ansioso-depresivos empeoran, ya que, por diversos motivos, se agudizan las sensaciones de malestar”.

Y cita, como ejemplo, “cuando fallecen familiares o seres queridos, el primer año sin duda es el más duro, es un momento en el que la ausencia del fallecido se hace notar de una manera muy palpable, su silla, su risa, su casa, sus cosas… tradiciones y hábitos que hacen que la pena nos invada por completo. Otras veces, las personas atraviesan procesos o situaciones de malestar psicológico: estados de ánimo muy bajo, mucha tristeza, ataques de ansiedad o curiosamente, sentimientos de soledad inmensa a pesar de estar rodeados de muchas personas en una misma habitación”.

¿Qué podemos hacer para sobrellevar esta situación?

Las pautas son claras y tienen bastante relación con dos ideas fundamentales: El ajuste de expectativas sobre la situación y el autocuidado o autorregulación.

“Tanto si la situación es provocada por el fallecimiento de algún allegado o persona importante, como si se debe a estados de ánimo distímicos (estados de tristeza, que no alcanzan la normalidad o que afectan demasiado en el día a día), es importante ajustar expectativas. A veces nos ponemos unas metas difíciles de alcanzar. No sería muy realista, por ejemplo, que en situaciones personales como las descritas anteriormente nos propongamos pasar unas Navidades de lujo. Es decir, a veces entender que estamos mal y permitírnoslo, es un buen punto de partida”, destaca la especialista.

Por todo ello, tanto el doctor Carrasco como la psicóloga Fernández indican que el  autocuidado y la autorregulación son objetivos clave. “Aunque conceptualmente son cosas distintas, son dos pasos importantes para alcanzar el bienestar”.

Buscar pequeños momentos de respiro, de cuidado, poder estar a solas, relajarse, pedir apoyo durante estas fiestas son herramientas muy útiles. “Se debe buscar dentro del propio  entorno dónde, cómo, cuándo y con quién se pueden lograr estos objetivos cuando el afectado esté en un mal momento”.

Pero, sobre todo, entender que es normal estar mal, incluso en fechas tan señaladas como estas, dentro de una situación personal dura. Esta comprensión puede ayudar a situar  la pena, la tristeza y la ansiedad en su sitio.

Además, el ejercicio físico, como recomiendan los expertos, ayuda en estas situaciones y en cualquier época del año. “Caminar rápido 20-30 minutos diarios, correr o practicar algún deporte, es una buena pauta que mejora el estado de ánimo. Porque ayuda al cerebro a segregar endorfinas, sustancias conocidas como “hormonas de la felicidad“. Por último, algunos estudios científicos relacionan los estados de alegría o felicidad con sentirse grato por alguien. Las neuronas espejo, hacen que seamos primates empáticos y, al parecer, sentir agradecimiento hacia uno mismo y hacia los demás mejora el estado físico y psíquico de las personas:

La tarea de la Pequeña Felicidad

Todas las noches, apunta en una libreta u hoja lo siguiente:

1.- ¿Qué pequeña cosa he hecho hoy de la que estoy satisfecho?

2.- ¿Qué pequeña cosa ha hecho hoy alguien conmigo/por mí de la que estoy satisfecho o agradecido? ¿De qué forma mi respuesta ante eso hace más probable que se repita en el futuro?

3.- ¿Qué otra pequeña cosa he hecho hoy de la que estoy satisfecho?

“Esperamos que estas pequeñas pautas ayuden a sobrellevar las Navidades a las personas que ya están sufriendo para que pueda ser más llevadero”, determina Lucía Fernández.




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