EL DÍA EN EL QUE JORDI GONZÁLEZ EXPLOTÓ EN PLATÓ: “ESTOY HASTA LOS C…”

Así lo has contado El Comercio: El de ayer se preveía un debate ‘calentito’, pues era la primera aparición del concursante Suso, tras su expulsión el pasado jueves de la casa de Gran Hermano 16. «Machista, egocéntrico y chulo» son los calificativos que más le han dedicado al catalán, al que todos los colaboradores del ‘reality show’ tenían muchas ganas de ver frente a frente para interrogarle. Tal era la revolución en el programa de Telecinco que el presentador, Jordi González, se vio incapaz de controlar la situación, por lo que optó por aplacar los ánimos con una sonora bronca: «¡Como no me respetéis, me voy. Estoy hasta los cojones de tanta estrellitis!», gritó desbordado, y añadió: «Nunca me ido de un plató. Ni con 39 grados de fiebre ni al día siguiente de morir mi madre, pero os juro que, como sigáis así, me voy».

La calma se mantuvo durante un rato en el debate, sin embargo, cada vez que intervenía Suso se sucedían los abucheos o aplausos (en función de si quien se manifestaba era seguidor o detractor). El joven, de 22 años, no defraudó: sacó todas sus armas de ‘macho’ para dar espectáculo. Se quitó la ropa, discutió con su exnovia Raquel (con la que durante el programa vivió una especie de reconciliación y, de nuevo, una ruptura. Incluso, en un ataque de ordinariez, ella le llegó a enviar «a la mierda») y hasta se disfrazó de reportero para salir a la calle y recoger opiniones sobre sí mismo.

Durante sus escasos momentos de sinceridad, el exconcursante de Gran Hermano 16 alegó que el día de su expulsión había estado muy «desubicado» y pidió perdón por sus palabras. Asimismo, agradeció los consejos de algunos colaboradores, quienes opinaron que su juventud jugaba en su contra y le sugirieron abandonar su máscara para no estar siempre a la defensiva.

Otro de los platos fuertes de la noche llegó con un vídeo en el que Sofía -la primera conquista de Suso en la casa de Guadalix de la Sierra- daba rienda a la pasión con Ricky poco después de que su amor platónico abandonara la casa. Al ver la imágenes del ‘edredoning’, el de Ripollet no pudo disimular su enfado y, con poca credibilidad, expresaba su indiferencia.




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