MARIA TERESA CAMPOS LLORÓ EN DIRECTO POR SU HIJA TERELU

Quién le iba a decir a los programas sensacionalistas de Telecinco de hace unos diez años que llegaría un momento en que se retroalimentarían. Un punto de no retorno en el que no haría falta levantar el teléfono para contactar con el famoso de turno para que contara su vida privada en televisión. Así comienza el relato que publica El Comercio sobre el tema y sigue de esta manera:

Ahora las miserias que narran cada día en la cadena son las de sus propios presentadores y colaboradores. Marionetas que se han prestado a un peligroso juego del que quizás, mañana, sea difícil salir. El viernes le tocó el turno a Terelu en ‘Sálvame’, programa del que salió por la puerta de atrás después de que María Patiño le quitara el sitio. Sus antiguos compañeros se ríen de ella y de esta salida poco honrosa casi a diario, pero parece que la expresentadora quiere volver como sea. Así que acudió a contar su pena de amor con pelos y señales. Su último novio, José Valenciano, ya no es tal y así lo hizo constar -incluso a través de un comunidado, cual reina del papel couché. Pero aún faltaba una protagonista en aparecer en esta historia: la madre de la dolida Terelu, la presentadora María Teresa Campos, quien ayer decidió añadir una dosis más de dramatismo a la ruptura. Sin reparos, no dudó en echarse a llorar en su programa, Qué tiempo tan feliz, al tiempo que lamentaba el mal momento que atraviesa su hija.

«Solo voy a decir una cosa. Quiero decirle a mi hija que siento mucho que en este momento no tenga fuerza para apoyarla, por lo que me está pasando. No creas que no me importa lo que te pasa», apuntó ‘la Campos’, en referencia a su propia situación de tristeza, ya que hace unas semanas falleció Araceli, una de sus hermanas, a consecuencia de un cáncer.

Terelu, por su parte, no quería que su madre llorara: «Entiendo perfectamente la situación. Puedo solucionar mi vida, mejor o peor, pero puedo solucionarla. No quiero que llores. Lo malo es cuando te enfrentas, en nuestro caso familiarmente, a la impotencia de que te ocurra una desgracia así y digas que eso ya no tiene solución. Eso es más importante que cualquier cosa personal que me pueda ocurrir».




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