UNA MEXICANA LE DA UN ZÁS EN TODA LA BOCA A DONALD TRUMP

“No hay nada de qué disculparse”, dijo el candidato presidencial Donald Trump de 69 años. “Todo lo que dije es correcto. Estamos inundados de gente en las fronteras y no tenemos idea de quiénes son o de dónde vienen. No vienen sólo de México, sino de toda Suramérica y el mundo”.

Con esas palabras, Donald Trump redobló la apuesta. Una apuesta por la ignorancia, el odio, la intolerancia, el miedo.

Cuando alguien con tanto dinero, poder y acceso a los medios difunde un mensaje cargado de tanto odio a veces resulta difícil no devolver con la misma moneda. Por suerte, muchos referentes de la cultura latina han sabido responder con altura.

Pero también hay que agradecer que existe gente como Adriana Almanza, una hija de un trabajador mexicano que tres décadas fue a Estados Unidos en busca de trabajo. Toda su historia fue explicada con maravillosas palabras por su hija.

Querido Señor Donald Trump,
Me gustaría tomar un minuto para presentarle a mi padre, Raúl Almanza. Como tan elocuentemente opina, él es uno de los muchos que México “envía” a este país.

Ayer cumplí 28 años y fui bendecida con la oportunidad de compartir mi día especial con mi padre ya que era el Día del Padre también. De hecho, ayer no se trataba de mí del todo… Era acerca de él. Déjeme decirle por qué.

Hace como 30 años atrás, México “envió” a mi padre a Estados Unidos, o al “Norte”, como le llamamos. No es secreto que él llegó aquí indocumentado, desautorizado o “ilegal”. Trabajó muy duro en el campo, viajando de estado a estado para encontrar un trabajo. Ayudó a mantener a sus padres y 9 hermanos que estaban en casa. Y cuando yo nací, él ya no era solo un hijo, hermano, proveedor o trabajador inmigrante. Finalmente él se ganó el título de padre.

Raúl no tiene lo que usted llama una “educación formal”. Él dejó la escuela secundaria antes para trabajar y ayudar con el financiamiento familiar. Pero eso no significa nada. Cuando yo era joven, iba a casa y mi padre nunca dudaba en ayudarme con mis tareas; él me inculcó la importancia de la educación y una carrera, aunque él no tuviera una. Mi padre ha trabajado de 5-6 días a la semana desde que yo era una niña y nunca lo he escuchado quejarse de eso. Él no bebe. Tampoco usa drogas. Desde luego no es un criminal, violador o traficante de drogas como sugirió usted en su discurso.

Sr. Trump, en su discurso, anuncia que México no envía lo mejor a Estados Unidos. Pero me permito disentir. Si mi padre es de alguna manera una representación del tipo de gente que envía México, no cabe ninguna duda en mi mente de que este país está recibiendo lo mejor. El problema es que usted y yo tenemos una definición diferente de lo que significa lo mejor.

Yo me siento aquí con una maestría y una carrera gratificante. ¿Sabes lo que eso significa? Absolutamente nada. Durante toda mi vida lo único que he querido es hacer que mi padre se sienta orgulloso. Quiero asegurarme de que él sepa que sus sacrificios no se dieron por sentados. No somos ricos de riqueza, señor. Pero somos ricos en lo que importa… Conocimiento, cultura y fe. Nosotros tuvimos un comienzo humilde… Y cada año se nos recuerda eso cuando viajamos a México a visitar a nuestra hermosa familia.

Los mejores, para mí, son los que trabajan duro y continúan siendo humildes, precisamente eso es lo que representa mi padre; precisamente es eso lo que otros millones de mexicanos representan.

A lo mejor, debería conocer a más gente como mi padre porque hay millones como él. Y así, en lugar de criticar a México, le dará las gracias por enviar “lo mejor”.




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