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ENFERMERA CON ÉBOLA TRATADA CON PLASMA, AISLADAS 3 PERSONAS MÁS Y 52 EN VIGILANCIA

El futuro de Teresa R. R., la auxiliar de enfermería contagiada por el ébola, está en manos del plasma de convaleciente extraído de la monja ecuatoguineana Paciencia Melgar, compañera de fatigas del fallecido Miguel Pajares en el hospital San José de Monrovia (Liberia). Ella fue la única del equipo de médicos y enfermeras que contrajeron el ébola en el centro de la Orden de San Juan de Dios que superó la enfermedad. Pertenece a ese escaso 50% que se salva de la muerte. Ahora, los médicos han extraído plasma de su cuepo para que actúe como un antibiótico natural y se lo han inyectado a la técnica sanitaria, según ha confirmado la secretaria de la sección sindical de Comisiones Obreras en el hospital La Paz, Esther Quiñones según informa en su versión digital El Norte de Castilla.

 

 

Este sistema, no testado como un fármaco de uso común, se planteó en los casos de los dos misioneros españoles (Miguel Pajares y Manuel García Viejo), aunque con la gran diferencia de que toda la detección y el tratamiento se realiza en un hospital perfectamente equipado. «Tenemos varias opciones terapéuticas que se empezaron a aplicar desde ayer», se ha limitado a señalar Mercedes Vinuesa, directora general de Salud Pública, Calidad e Innovación, en el Congreso de los Diputados. Horas más tardes, el responsable de la unidad de enfermedades infecciosas del hospital Carlos III, José Ramón Arribas, ha sido algo más concreto: «Tenemos a nuestra disposición suero hiperinmune de paciente convaleciente y también tenemos un antiviral que tampoco se ha probado en humanos llamado favipiravir. Sí que ha tenido actividad en animales pequeños». No obstante, Vinuesa ha alertado que este plasma ofrece resultados «muy diversos» y que no es del todo fiable; sobre los sueros, ha asegurado que los países y la industria se prestan información y productos.

Pocas explicaciones ha ofrecido más, para desesperación de los grupos de la oposición quien han solicitado todos los datos sobre el primer caso de ébola fuera de África y la comparecencia inmediata de la ministra de Sanidad, Ana Mato. Tras ofrecer una profusa narración sobre el nacimiento y la propagación de las dos cepas del ébola (tanto en África occidental como en la República Democrática del Congo), de destacar la coordinación y las reuniones de altos cargos con la OMS y los ministros de la Unión Europea, la directora general de Salud Pública solo ha ofrecido pinceladas sobre el caso de la mujer infectada.

Esta profesional estuvo con Manuel García Viejo dos veces en tres días: en la primera ocasión, para cambiar un pañal al misionero; en la segunda, para atender al cadáver del religioso. «Se está investigando el mecanismo de infección», ha apuntado, antes de confirmar que entró con el «equipo correcto» y que se mantuvieron los protocolos de seguridad. Tampoco ha dado luz sobre las personas con las que estuvo en contacto y ha asegurado que se está trabajando de forma intensa en identificar a todas las personas con las que estuvo.

En estudio

Otras tres personas están aisladas en la sexta planta del hospital Carlos III para determinar si también están infectadas por el ébola. Dos son los casos que más preocupan a los responsables sanitarios, según ha comentado el doctor Francisco Arnalich, jefe de servicio de Medicina interna del hospital de La Paz: el marido de la técnica sanitaria, Javier L. R., y un inginiero español que regresó de Nigeria y que presentaba una temperatura alta. La tercera persona en cuestión es el de una enfermera que también trabajó en el equipo que atendió al padre Manuel García Viejo y que ingresó por unas fuertes diarreas. «Ni siquiera tiene fiebre», ha aclarado el galeno, que espera los resultados de las pruebas del ébola. En el caso de la enfermera, mañana mismo se podría ir a casa si las pruebas salen de forma positiva.

Por otra parte, el director gerente del complejo hospitalario de La Paz, Rafael Pérez Santamaría, ha delimitado en 22 las personas que están siendo sometidas a un seguimiento por haber tenido contacto con la auxiliar sanitaria. Una profesional que ha asegurado que siguió todas las normas de seguridad. «Estamos revisando el procedimiento pero siempre cabe la posibilidad de que haya habido algún imprevisto. Lo principal es atender a la paciente, pero ha sido una desagradable sorpresa», ha indicado Pérez Santamaría. A este número, hay que añadir los 30 profesionales que ya estaban en alerta tras haber participado en el equipo que atendió al misionero leonés finado el 25 de septiembre.

El director gerente del complejo hospitalario de La Paz ha defendido la actuación de los profesionales sanitarios y ha descartado que hubiera sido necesario ingresarla días antes. «No tenía síntomas entonces. Es más, incluso si se le hiciera la prueba podía haber salido negativa», ha comentado Pérez Santamaría, quien ha resaltado que la paciente no se marchó de la Comunidad de Madrid después de cogerse sus vacaciones tras el fallecimiento del padre leonés.




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